AtaraxiA FreaK

29/09/2009

Prosa en poesía

Archivado en: 0304 — Martín Santomé @ 11:36

Se dice que hay quien lucha por la vida y quien vive para luchar.

Yo trato de no convertir mi vida en una lucha. Quiero luchar por vivir y por ello propongo formar un grupo anarcocristiano para integrarlo en el Foro Social Mundial en lo que respecta al Movimiento Global y para formar y habitar una comunidad anarcocristiana en lo Particular.

Para ello, fundo el F.A.R.I., Frente Acuario de Resistencia Ideológica como testículo de otra simiente. Círculo hermético para la concepción del Egregor anarcocristiano en cuestión.

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Cuatro poemas y un epílogo
para la fundación de un

Frente Acuario de Resistencia Ideológica.

Poema 1

Archivado en: 0304 — Martín Santomé @ 11:31
¡Atiéndeme, Palabra!
a ti acudí
traiéndote un yugo
¡mas escúchame ahora,
Palabra!
Soy yo,
yo mismamente,
quien te habla.
¡mas escúchame aquí,
Palabra!
Hay un nombre
que nos nombra:
¡Abraxas!

F.A.R.I.

Poema 2

Archivado en: 0304 — Martín Santomé @ 11:30
Cualquier Cosa,
no te es menester más
para iniciarte.
Basta salvarla
de la impermanencia.
Mirándola hasta pulverizarte los ojos.
Así, sin tu mirada, tú, Palabra, construye
el principio del otro mundo y
crea tu Aleph;
el Universo se nos relativizará
al descubrir el lugar donde
se refleja el Multiverso.
Habrás de atar el cabo de un hilo
en esa Cualquier Cosa hecha permanente
antes de dar el primer paso.
Sin tus ojos, porque te los pulverizaste.
Si no te sueltas del hilo,
Palabra,
siempre
podrás regresar a la Verdad:
a mí.

F.A.R.I.

Poema 3

Archivado en: 0304 — Martín Santomé @ 11:29

Tu cuerpo, Palabra,
es nuestro espíritu.
Mi espíritu, Palabra,
es nuestro cuerpo.
Yo me crié en la biosfera; habito Gea.
Tú ardes en la noosfera; eres chispa del Demiurgo.
Tu quemas mi alimento
yo hago camino de tu luz.
¡Entiéndeme bien cómo habremos de obrar entre tú y yo!
Si tu cuerpo se apaga
¿habrá de volver a caer el yugo en mi espíritu?
¿quizás además haya que esperar otro yugo aún más pesado, eterno?
¡Nos da igual, Palabra!¡Mejor nos ha de valer esa carga
que arriesgar mi muerte!
Palabra,
¡No creas que sin mí hallarás cobijo, eterno, en la Teosfera!
Si por salvar tu cuerpo, Palabra,
sacrificásemos mi espíritu,
nos disolveríamos en la fisiosfera
como lo haría un terrón de azúcar
flotando en el océano.
El Anticristo atacó y conquistó el cielo
a finales del siglo 19.
Allá no hay más que Silencio,
por nombrarlo de algún modo.

F.A.R.I.

Poema 4

Archivado en: 0304 — Martín Santomé @ 11:28
Luce jugosa
¡Palabra mía!
que yo seré tu madero.
Vocea que oigamos tu eco en los valles,
cuéntame los árboles de los bosques.
Descríbeme las praderas,
nárrame las estaciones.
¡Venga, mi Palabra!
chívame qué se dicen los pájaros,
tararéame el canto de las ballenas.
Grita fuerte y diluye con tu delirio
el contenido de las campañas publicitarias.
Parodia y desenvenena con tu inocencia
el contenido de las campañas electorales.
¡Tenaz, mi Palabra!
Habla multívoca y refráctanos el pensamiento único.
Actúa insurgente, invisible, desde las gradas en el circo del espectáculo.
Borra la h y reescríbela en Historia.
Pero, Palabra,
si otrx humanx se nos acerca calladx
¡Desaparece sin decir ni pío!

F.A.R.I.

Epílogo

Archivado en: 0304 — Martín Santomé @ 11:26
Bien, ¡ahora óyeme tú, mi madero!
Y, por favor, no me interrumpas hasta el final.

Sin palabras las caricias.
Sin palabras las miradas, los gestos.
Las formas, los signos, los símbolos, los dibujos, los planos.
La danza.

Los secretos están hechos de silencio.
Silencios como cajitas cerradas.
Los misterios son silencios que no pueden ser atravesados por las palabras.

Sin palabras se realza el espacio entre los cuerpos.

El espacio está hecho de silencio.
Silencios como sombras inmateriales
enganchadas a nuestros cuerpos.
Oscuridades que pueden ser atravesadas por la carne.
No sin gravedad, empero.

¡Ahora dime! mi alimento
¿qué eres?
¿qué haces?
Mi saquito de huesos,
yo soy poiesis, millones de chispas,
tú eres soma, millones de particulas.

¿puedes tú que te dices hijx de Gea moldear el espacio
como yo, gota del Demiurgo, moldeo el silencio?
No contestes; no puedes.
Sin palabras el Silencio.
El mensaje del Anticristo:
la muerte no te aguarda al final de tu trayectoria vital,
estuviste, estás dentro de ella todo el tiempo,
desde justo después de ser paridx.

Silencio,
ÉL es el Padre
del Dios omnimodo creador que fue muerto
a finales del siglo 19.
ÉL es el abuelo del re-eVolucionario Cristo,
aquel hijo que rogó el perdón para la ignorancia de quien le crucificó
tras ensañarse en su tortura.

¡Eres tú, eterna Verdad,
la propia muerte!

F.A.R.I.

0

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:11

0

Dicen que en el silencio eterno alguien extasiada por una gota de amor dorado, como el oro, bailaba entregada. Que el viento se le entrelazaba en sus tensas fibras y de eso se oyó la palabra Ego.

Dicen que el sistema de economía-mundo capitalista neoliberal mantiene a la masa desamparada aprisionándola contra el borde de la realidad. Que le cercena los sueños a los individuos impidiéndoles alejarse conciencia adentro, inmovilizándolos entre un límite virtual y el borde y que se ha implantado en ellos interponiéndose entre sus egos y sus ecos de modo que ambos crean que están sincronizados pero en verdad estando disociados. Para que se crean acompañados pero estando solos. Para que estén los dos como uno que no es ninguno de ellos.

Dicen que la multitud de ésta época muere a la deriva en un entramado noosférico sin posibilidad de acceder, directamente, a la verdad. Que vive controlada en un entramado noosférico sin posibilidad de acceder, directamente, a la realidad.

1

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:10

1

Me educaron acojonado, ante los dioses y bajo el estado. Un mismo modelo de control y alienación dentro y fuera de mí.

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Crecí como arrinconado en el borde de un precipicio. Me formaron para mantener la atención latente en la cornisa del abismo. Sin más ámbito de movimiento. Sin más libertad.

Busqué amparo porque me crié desamparado. Asumí lo del pienso, luego existo. Me confié y me fié del eterno retorno. “¡Qué coño!” me dije “Adelante con la metanoia”. Y me encrapulé como un gusano. Me cubrí con hilos de silencio.

2

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:09

2

¿Para qué sirven las alas si no para volar?

Supe que había zarpado desde mí. Volaría sobre el abismo y viraría sobrevolándome. Me vería abajo, arrinconado contra el vacío. Y vería qué, quién sostiene el sitio.

3

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:08

3

Por querer crearos, me vi haciendo equilibrios junto al borde de un abismo.

Tú, Ego, eras silencio.

Ella, Eco, estaba en silencio.

Yo me callé y me hice silencio. Olvidándome de mí, en ti y en ella me partí.

Me hice hueco en lo huero de mi vacío y adentro puse una gota de amor, dorado como el oro. ¿Sabes querido Ego, quién nos envió esa gota?

4

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:07

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Una mirada ataráxica y una voz propia bastaron para que Eco descubriese a Ego la verdad, él era un rostro en ella reflejado.

5

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:07

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El cielo se abría ante el precipicio, cúpula celestial cortada en tierra y abalanzada en el abismo. Dicen que resbaló una gota de amor. Como un cohete de fuegos artificiales, cruzando el firmamento, quemándolo con una estela dorada y desvirgándolo con una explosión, burbuja multívoca de chispas añiles y plateadas.

La bola sigue su forma lumínica propagándose en sonido. Me muere en el vientre, desplomándome de rodillas, al suelo, arrumbándome contra la misma cornisa. Perder el equilibrio, no poder mantenerme en tierra y caer.

Querer creer, creer querer. Me brotaron las alas. Vuelo de noche para evitar el calor del sol. La matriz le nace del vientre a mi Ego y le nace también a Eco en el suyo. El entramado de hilos se teje en el vacío.

Se hace pasar por mí.

6

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:06

6

Tenía una matriz dentro, partiendo mi alma en dos porciones incomunicadas, por mucho que yo creyera que no lo estaban.

Quería arrancarla de en medio de mí. Aunque fuera a costa de dejarme huero.

7

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:06

7

Mientras la verdad era cantada en la voz de Eco, las palabras resonaban en las entrañas de mi cuerpo y, del silencio, ser y estar hacían.

Si ella hubiera seguido hablándolas jamás la nada hubiera oscurecido la luz de mi alma. Sin el reflejo de su voz, tú, mi querido Ego nunca hubieras visto el rostro. Tú rostro.

Tuve que darte silencio, para que pudieras hablar. En la espera nació el deseo. Otra luz, pero esta con una cabeza añil y plata.

Por eso condené a Eco a únicamente hablar si tú lo hacías. Sólo tus palabras serían dichas. Y dos veces.

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Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:06

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¿Recuerdas cómo Eco recitaba? ¿Cuán reveladora era su opinión, cuánto procelaba su divagar?

Mas ¿qué aporta ahora? Su silencio, y un volver a decir lo dicho. ¡Pobre eco! En nada se estima ya su compañía. ¿O sí? A lo mejor la tara puede llamarse mutación, ¿dónde hablo de error comparando con la perfección debería significar ahora adaptación evolutiva?

No sé. Eco repite cuanto oye, mas, ¿de quién son sus escuchas, si eco no dice, ¿quién le arroja su voz?¿qué clase de red proyecta en su lugar mi reflejo?¿Y cuándo fue que sucedió que se apareció la distancia, esta distancia?¿cuándo fue que dejé de ver su reflejo y pasé a ver esta sombra holográfica?

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Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:05

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Ella era una parlanchina. Su voz, su modo de hablar las palabras era, por poco, embrionario. Hacía crecer la verdad por donde se oía.

Parecían sus oyentes gallinas ponedoras de huevos de oro y, ella, gallo semental del corral. Cuanto de su verborrea se alabara, siempre quedaba en irrisorio favor.

¿Cuándo fue que la prohibieron hablar? ¿Por qué nada podía decir si no antes había sido dicho?

Lo cierto quedó mudo para Eco. Nada más verosimilitud. Sólo repetición, no verdad.

¿Y Ego? ¿Por qué permanecía callado, mirando ataráxico el castigo? Tal vez no lo supiera. Tal vez no fuera él quien se estaba reflejando ni tan siquiera él estuviera presenciando su propio rostro.

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Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:05

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Yo crecía en un mundo, me desarrollaba en su interior a medida que el tiempo pasaba y yo seguía allí. La evidencia de la vida se reafirmaba con cada amanecer. El tiempo corría a su favor.

Estática, oculta en mi pasado, la paradoja dormía como un dragón en una cueva o un minotauro en un laberinto.

¿Cómo podía cumplirse, rutinariamente, el yo ser un vivo en ti si aún no había nacido en ti? Si nunca conseguía nacerme, ¿cómo al final estaba viviéndote?

Apenas acababa el parto que volvía a desaparecer. Apenas otra vez me parías, otra vez regresaba fuera de ti.

Entonces me nombraste. Se escuchó, como el rayo y el trueno, primero mi nombre. Y luego tú lo repetiste.

11

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:04

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Fui embrujada. No nada más de mi voz usaría, sino nada más que mis pulmones y mis cuerdas vocales. ¿Para qué entonces las querría mantener tersas y no rotas? ¿Por cuánto mendigando otras voces habladas para poder oírme? ¿Cómo no preferir la soledad de sin compañía, donde nadie, ni ninguna palabra dicha viola mi silencio y agita mi garganta? ¿A qué exponerme al viento, a las ondas de dichos y hablados, y zarandearme como la superficie de un espejo?

Encontré la voz y me envolvió el deseo. Por sus corrientes de palabras enloquecía y adicta a su cercanía me volví.

Por eso te miraba, entre hilos, como ataráxica, cuando callabas. Porque entonces era que discernía entre tu voz y la que venía de la matriz.

12

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:03

12

Me mirabas ataráxica. Tus ojos, eternamente abiertos, tragaban mi rostro igual como si fuera un naciente mamífero arrojándose del vientre de su madre.

Algo entre tú y yo me helaba. Apenas comenzaba que volvía a caer, en un principio emergente no nacido, o no acabado de nacer. Sospechaba de aquella verdad, porque me alimentaba, en mayor medida, del cordón umbilical, que del mundo donde me nacías. ¿Qué sería esa conexión establecida entre tú y yo?

Todavía, por más ralladura crepuscular con que despuntase el alba, no caía la oscuridad, no desaparecía el vínculo prenatal y no se alzaba la claridad manto de tu reflejo. Sólo parecías un espectro, un holograma, una sombra proyectada en la otra orilla del abismo.

Fue porque tú así me habías observado. Y también fue porque luego separaste nuestras miradas y me hablaste, con tus palabras. Tus oídos no habían oído eso que dijiste. Fue tu voz la que habló. Dibujaste con tu garganta y tu boca un libelo que voló a mí, dejando una estela de fuego y explotándome en una bola de chispas añiles y plateadas: “No me conoces lo más mínimo!” dijiste.

De este modo nació la corriente, la onda de tu influencia que deshiló el entramado construido entre tú y yo.

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:03

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Nunca había habido nada. En nada el silencio y la latencia variaban.

Una figura emerge en la nada. Comienza una danza. Como una flor deshaciéndose de las mantas de su capullo y abriéndose en la primavera, creando los albores de su madurez. La decadencia será la meta. Mientras se completa ella se contorneará desplegándose de par en par.

Los aires callados, despertados en sus contornos, la revolotean, y cuánto más ellos se alzan, más ella grácil baila.

¿Cuál si no el nombre del verbo es la palabra que esta danza expresa?

14

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:02

14

De tu voz nació mi deseo. La adicción a tu cercanía estaba enganchada, como el hilo de una araña, entre mis entrañas.

No eran las palabras dichas de tu boca; de serlo, sin más, la hubiera repetido tras de ti.

Se oyó ese nombre. ¿El tuyo? Y entonces, mientras se insuflaba en mis pulmones y su resonancia me trepaba hasta la boca, cientos de partículas disgregadas aquí y acullá mi esencia, vibraron con ella. Despertaron y se unieron en una voz. Mi voz, una que era yo.

Y lo entendí. Tú no podías conocerla mínimamente. No eras tú, era yo. Nacía tu rostro, en una bola de chispas añiles y plateadas reflejado.

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Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:01

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Soy yo.

Porque tú me mirabas, y luego tú me hablaste, supe que lo había hecho. Ya no era más no nato. Nada en mí fuera de ti estaba. Naciendo, yo, había comenzado a estar siendo en ti.

Escuché tu voz renacida sin nada de vacío en su armadura. Me vi mirando tus palabras, ondas de viento redondas, concéntricas, como arrodillado en la orilla de un río de aguas claras. Porque a ti no te conocía mi rostro nítido se le reflejaba a mi mirada.

16

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:01

16

Eterno en la quietud fui la espera. Colgado en la nada, sin más, como un pato en un estanque, un cuervo en una rama o una cabra en una roca, estaba.

Era, más porque había sido, que porque estuviera siendo. Además el futuro no venía de lejos porque conmigo ya estaba; yo, silencio de nada, iba a ser, pues eterno, en la verdad estaba. Permanente impermanencia que garantizaba la constancia de la ausencia, ¿cómo podría acabarse la espera de quien es espera y no espera?

17

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 11:00

17

Sentí, de tu figura, la compresión de mi vacío. En mi homogéneo discurrir en nada se dibujaba el relieve de tu baile.

Cuando cedías, girabas, o te ondulabas, mi silencio lo repetía seguido. Sin más, aún yo no sabía ser si no tu eco. Yo no era sino tu sombra.

¿Cuándo de mi silbido entre tus hilos tensos de música surgió aquel rayo de luz? ¿Fue porque largo rato vibraste en mi espacio huero de espera? ¿Calentaste con tus roces la piel de mi cuerpo de vacío?

Se oyó. Por no más yo sería yo, sólo porque tú bailaste en mi vientre, moriste.

18

Archivado en: 0203 — Martín Santomé @ 10:59

18

Yo quería escribir. Quería, como un pescador con su red, atrapar del silencio palabras para luego servirlas cocinadas en un pliego de papel.

Siempre se buscan las personas capaces de discernir entre los sabores, de apañárselas para combinarlos así o asá y congregarnos a los demás a causa de ellos.

Yo invoqué la danza primigenia, pues, a vosotros dos quería despertaros. Era preciso que descubrieseis vosotros lo que a mí la sabiduría humana me ha entregado. Teníais que sacarme de la matriz.

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