Resentimiento
Se cuece, día a día, en las ciudades dormitorio, un aire mortecino. Lo huelen los desconocidos y las desconocidas, los y las ocasionales, pero no los dormidos ni las dormidas.
Como las calles son muy estrechas y los edificios están hacinados, las corrientes de esa peste fluyen despacio. Se densan y condensan, en las esquinas, con mucha facilidad.
Cuesta mucho renovar esos espacios casi cerrados, coloidales. Los posos y sedimentos putrefactos y cadavéricos, como en fase dispersa, dan cuerpo y espíritu a este aire mortecino, que se mantiene levitando sobre los y las habitantes, como en fase contínua.
Es natural, o consustancial, cual babosa correosa dejando un rastro gelatinoso al pasar, que el ciudadano o ciudadana de residencia en ciudad dormitorio, al abandonar su hogar, e internarse en el centro, vaya, con su estela, portando una marca.
Una marca liminar, no visible por quién la lleva, ni por sus semejantes.
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Materia del pensamiento
Tengo que entender que las neuronas del cerebro, y su tejido sináptico, se propagan más allá de la masa gris. Es muy importante escapar de ese sistema. El radicoma rebosa como una catarata precipitándose desde el cerebro y envuelve a todo el pensamiento en una membrana. Como reza la expresión: “Dendritas en la piel”. Por supuesto en este proceso hay un momento paradójico. Liminar. Ambigüo. Entre el pensamiento como cristalización onírica noosférica y el pensamiento como circulación eléctrica biosférica.
La luz, el sonido, la presión, la temperatura, los estímulos químicos son las energías de crisis desatadas en las profundidades del abismo, la brecha entre la noosfera y la biosfera.
Nacer dos veces
Alhambra: “La vida no es un accidente, no hay casualidades, estoy aqui, latiendo un corazón que empuja la sangre por canales de espinoso trazo, y duele. Recuerda mi cuerpo un pasado que no recuerda mi mente, y a través de él llego a ese momento en que perdí la vida una vez, recuerda mi piel un ardor impropio, mi vientre zanjado por el rígido y carnoso puñal, rios de sangre y lágrimas, basta ya!!!!, qué he hecho mal???? perdóname!!! Quién es este cuerpo sobre mi???Por qué tú??? haré lo que quieras pero, para, para!!! Me rindo. Me muero. Vuelvo a la vida a través de un angosto tunel materno, no quiero volver. ¿qué hago aqui de nuevo? ¿qué es lo que no aprendí? No quiero volver a sufrir entre el dolor y el deseo. Han pasado 29 años, 29 años durmiendo, soñando un sueño. Hoy soy consciente del mensaje que guardaba mi alma, mi cuerpo, ya no quiero esconderlo, deseo liberarlo, liberar el desconcierto, la culpa, la decepción, el dolor, la pena. Sigo viviendo, no se por cuánto tiempo, pero ya LIBRE.”
Rostros del Único

El Testigo
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El Encarnado
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El Ambiguo
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Principio Básico de Polaridad Vibracional
Si el ancho de onda es grande y tarda,
somos miedo…
… somos amor,
si la amplitud es estrecha y vivaz.
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Resurreción
Lo más doloroso, sin duda, para mi capacidad de aguante, es: hacer de las tripas un nuevo corazón. Construir sobre la carencia. Esto viene a significarme: ser no yo para dejar atrás algo que, desde yo, veo estéril como una muerte. Si el dolor no me ciega, el sufrimiento me niega la voluntad de admitir que, a pesar de todo, se continúa siguiendo.
Luego, eso también pasa y puedo, si dispongo de rincones de calma donde fumar paciencia, retroceder con cuidado hacia las cicatrices, oteando con disimulo esas hecatombes, agujeros de mi vida; las conmemoro con mucho cuidado no vaya a ser se alcen contra mí; trato de limpiarles algo el polvo, de arrancarles las malas hierbas, que tienen la virtud de crecer en cualquier rincón; taparles bien el pecho, caso de tener pecho las cicatrices; velarlas o cantarles susurrante alguna nana para ayudarles a permancecer dormidas en el fondo de mi memoria; no vayan a recordar su verdadera naturaleza: son tripas pasando por un corazón para servirme de su batir onírico en el bombeo del pulso de mis sueños desde su existencia hacia una nueva visión sostenible… Simiente del deseo de vivir nueva vida a pesar de ellas.
No sé aprende a predecir el futuro, pero si a contar los segundos transcurridos entre el rayo y el trueno, y señalar, justo cuando aparece, la tormenta.
