Me llegó, en el sentido punky de la expresión, a tocar los huevos tanto puto misterio y tanta mierda de secretismo. Y aparte de que existan cámaras de videovigilancia, micrófonos y censuradores por doquier, hubiese agradecido que algún liberado me hubiese explicado claramente cómo enlazar ruta a la r-eVolución.
Algo así como: “Chico, deberás morir de un mundo y despertar en otro. Solapar dos miradas que miran cada una a su modo en una tercera, y única, mirada. Iluminar tu cuerpo con la luz orgónica. Construirte una morada encima de un fastigio y dar un paso desde la ventana. Disolverte como un azucarillo en una taza de té, experimentar -como nimia y ripia parte- la unidad en el kaos, agradecer mero tal milagro, deambular -por mecenazgo del vacío y por mera curiosidad- unos días en la más negra y vacua oscuridad, volver a agradecer mero por tal existencia de lo que existe, volver la vista atrás y mirar las huellas borrar. Dotorear y saltar la Gran Muralla y el supercúmulo de Virgo -un poquito en el suroeste-, dejarse caer en el Grupo Local y en la Vía Láctea, darle un par de vueltas al Sol y, finalmente, agradeciendo semejante creación una vez más, observar -mera contemplación- la vastedad, la maginificiencia y lo hermosa que es Gaia.”
No hubiese estado mal que hubiese finalizado su llana explicación de lo que es liberarse citando unos versos de cosecha propia dónde se procele que los humanos y humanos -da igual si de dentro o de fuera del imperio- somos puro microorganismo -minucia- pululando en proporciones terriblemente menores que los insectos por el cuerpecito de la madre.
Sin embargo, ahora, que me gustaría dejar de joder y hablar claro a muchos jóvenes y jóvenas despertando al mundo, me doy cuenta de la imposibilidad de tal achatación de la indicación: el secreto, el misterio es justamente el tiempo -y lugar- que uno pasa “fuera” del mundo que le nació y del que escapa como un polluelo picando la cáscara. El juego, como arte y como trabajo. La magiak como trabajo y como artesanía.





