Ellos y ellas habían sido acorralados y acorraladas por el Imperio de Conquistadores. Entonces se r-eVelaron. Lucharon, pero no se unieron entre sí, y no ganaron la guerra. Fueron masacrados y masacradas, perseguidos y perseguidas, reducidos y reducidas, desposeídos y desposeídas de su tierra y de su alma. Les y las dejaron flotando en la nada, como a zombies. Y entonces los y las domesticaron y ya nunca volvieron a salir de las jaulas.
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Cuando la polvareda se asentó, y las prácticas de manipulación (psíquica y física) surgieron efecto, ellos y ellas ya no recordaban nada. Servían y punto. O si, por un azar, el instinto reflotaba y algo recordaban, el miedo a la tortura forzaba de nuevo el olvido.
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¿Por qué no los y las esterilizaron?¿Por qué permitieron que procreasen en el cautiverio? Porque necesitaban esclavos y esclavas, mano de obra, masa para moldear y hacer funcionar el sistema de producción sobre el que se mantenía el Imperio de Conquistadores. Es entonces cuando llegamos nosotros y nosotras. A nosotros y nosotras nos dijeron que ellos y ellas eran nuestros padres y nuestras madres, pero que esa relación únicamente consituía un hecho trivial. No orgánico. Nosotros y nosotras éramos propiedad del sistema y así fuimos formados y formadas. Nosotros y nosotras crecimos ignorantes. Muchos y muchas llegamos a sentir verdadero fervor por los Amos Conquistadores. E incluso asco por nuestros progenitores y progenitoras. Nacimos dentro del vientre de aquel sistema. Somos masa moldeada para hacer funcionar su sistema de producción.
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Sin embargo, nosotros y nosotras, carecemos de algo fundamental para que se mantenga en marcha la rueda. ¿Qué se podía esperar de seres hueros y hueras, criados y criadas en entornos asépticos, uniformados y uniformadas, privados y privadas de contacto con el prana telúrico? La semilla de la r-eVolución se engendró en esa carencia. Ningún aliento, ninguna llama, ningún impulso vital ardía en nuestro ser.
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Y por eso tenemos que incendiar el poema, decapitar el poema… Escoger un material cualquiera, como se escogen estrellas entre lombrices… Cuando Dios aún era azul dentro del humano… Nosotros y nosotras, nosotros y nosotras estamos justo al centro de Dios, como el sexo, justo al centro… El cadáver de Dios, furioso, aúlla en nuestras entrañas… Vamos a golpear la Eternidad con la culata de nuestro revólver.
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