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Algo queda atrás cuando llegas.
Algo queda vacío
cuando te esperas
en un asiento de tren
dispuesto a alejarte en las próximas horas
y observas
obvio
cómo las imágenes
lejanas en la ventana
se quedan inmóviles,
desaparecen en la distancia,
en la carencia.
Algo se queda
desprovisto de energía
cuando dejas una ciudad,
una vida,
un mundo…
Sobretodo,
cuando no sabes,
cuándo,
o si quiera,
si volverás.