nocturna soledad
.
.
.
-

-
.
Supongo que alienación o enajenación o evasión son términos que se me podrían aplicar. Pero yo prefiero hablarme (quizás engañarme) en términos de satisfacción. De plenitud. Creo, insisto, puedo pecar de perezoso, que en esta reencarnación, en esta vida que ahora lleva 29 años de crecimiento, he dado el do de pecho. Creo que he resuelto el enigma que para ella se había planteado. Me miro y me veo el hilo suficientemente desenredado. Algo me hace detenerme en una especie de “sensación de consecución” como si ya hubiese hallado la senda y luego la puerta del laberinto. Me siento “de pie” en medio (o en un lugar cualquiera) del mundo, rodeado de infinita estupidez humana. En la que me incluyo. Que no sea que la claridad, esta claridad que tantas batallas me ha requerido librar para conseguir, me esté, o peor, haya cegado.
Y así, con esas manos llenas de vacío, me vuelvo a encontrar aquí, donde se halla el poder que un chico psicoesquizoide como yo, educado para no ser, instruido para habitar el mundo artificial (capitalista-ficticio-matrix) ha encontrado: El presente: el instante.
Hic et Nunc. Poco valor tendrá, a lo mejor, para quien surgilísticamente siempre ha navegado el mundo. Para quien no fue tentado, engañado a hipotecar su vida en pos de un proyecto convenientemente dispuesto para que siempre parezca cercano pero siempre se mantenga inalzcanzable. Para quien siempre estuvo en sí mismo y no varios pasos por delante, mirándose venir y aturdido por las cadenas.
.